La ley del solo sí es sí y sus inesperadas consecuencias, con más de 1.000 reducciones de condena ahora avaladas por el Supremo, ha terminado de matar políticamente a Irene Montero, que de momento se queda fuera de las listas de Sumar. Pero el relato del desgaste de una figura política tan adorada por los suyos como detestada por otros empieza mucho antes. Casi todos los momentos críticos de la primera coalición que gobierna España desde la II República han girado en torno a Irene Montero. Todos los caminos han conducido siempre a ella. En la primera negociación fallida, la que llevó a repetir elecciones, Pablo Echenique fue muy claro: una vez vetado Pablo Iglesias, sin una vicepresidencia para Montero no había nada que hacer. Carmen Calvo lo aceptó finalmente, y empezaron a negociar, pero todo se rompió pocos días después entre otras cosas porque el PSOE no quería ceder Igualdad, el ministerio que ansiaba Montero para capitanear las políticas feministas.
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