Serán seis meses decisivos para la Unión Europea. Marcarán el inicio de una transformación política, geográfica y presupuestaria de la Unión con consecuencias para las próximas décadas. Y España, en la presidencia del Consejo de la UE, se juega su prestigio para hacer que asuntos tan cruciales como la flexibilización de la disciplina presupuestaria europea, el pacto migratorio o importantes regulaciones que consagran más derechos sociales, despeguen. Todo en un momento convulso: con la guerra de Rusia en Ucrania, debates sobre reformas para una ampliación comunitaria, Francia en ebullición, la llegada al poder de las ultraderechas y con una ciudadanía que, mientras se recuperaba de las consecuencias económicas y sociales de la pandemia, pasó a sufrir las de la invasión lanzada por el Kremlin. España inicia además la presidencia marcada por las elecciones anticipadas, previstas el 23 de julio, que pueden dejar a la UE sin un timón firme al frente del Consejo.
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