El desconcierto de la oposición

Todos sabemos más o menos lo que es el buen gobierno; hay incluso manuales que nos lo explican. Qué sea la buena oposición, la oposición eficaz, ya es mucho más difícil de concretar. Aunque creo que todos coincidiríamos en señalar que es aquella que no comete errores y se aprovecha de los del Gobierno. Si aplicamos esta máxima a nuestro principal partido de oposición, observamos que por ahora está lejos de cumplir con esa exigencia mínima. Es más, la impresión que transmite es que sigue preso de la perplejidad en la que le sumió el traspié sufrido en las elecciones generales, que anda como pollo sin cabeza tratando de reencontrarse. Lo curioso del caso es que ya tuvo el diagnóstico desde el día uno, no ignora las causas de la debacle; a saber, sus contubernios con Vox y el consecuente frenazo y retracción de los votos tránsfugas de un sector del electorado del PSOE. Bien es verdad, por utilizar una metáfora del tenis, que fue un error forzado por la astucia de Sánchez al precipitar la convocatoria de elecciones. El problema ahora es que está incurriendo en errores no forzados; es más, ante una situación ciertamente difícil para el Gobierno no parece dar con la tecla para extraer de ella todo el jugo posible.

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