Que la extrema derecha está a la alza en Europa ya no es una amenaza, sino una realidad. Hay elementos para pensar que la democracia está en peligro, sin duda. Pero no basta con la apelación al cordón sanitario, expresión no precisamente afortunada, contra el autoritarismo posdemocrático y sus diferentes formas de decantación. Al contrario, la sobreactuación contra ellos no deja de ser una forma de reconocimiento, aunque sea como amenaza, que podría servir para rearmarlos, sabiendo, además, que es muy difícil unir al resto en un bloque efectivo en su contra. Y que una gran parte de la derecha ya hace tiempo que perdió los escrúpulos democráticos, entregada a la lógica del amigo y el enemigo.
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