Pedro Sánchez, más humilde que de costumbre; Vox, sin sus portavoces más agrestes; el PP, repitiendo como una letanía la palabra “moderación”. Las elecciones andaluzas surtieron este miércoles un efecto anestésico en el Congreso, que vivió una sesión de control extrañamente sosegada: no dejó ni un exabrupto que reseñar, y eso -que no debería ser noticia- siempre es noticia en este Parlamento. El único que podía presumir -y mucho- del resultado electoral era el PP, pero, con ese nuevo traje de partido serio y tranquilo, los populares refrenaron cualquier exhibición. El resto, sin nada de lo que alardear, se taparon como pudieron. Y ausente ya la verbena eterna de Macarena Olona, fallida candidata de Vox en Andalucía, los grupos se dedicaron a discutir civilizadamente de economía.
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