En el mismo día, en este Congreso endiablado de la XV legislatura, el PSOE y el PP pueden apoyarse en cuestiones formales, amagar con acuerdos de Estado, tirarse los trastos hasta exigir elecciones ya o llegar a acuerdos con casi cualquier grupo, con todos menos con Vox o en el caso de los populares con EH Bildu. Desde la dirección del grupo socialista se admite que algunos apoyos prestados este martes al PP en el Congreso, como aceptar el aplazamiento de un pleno para que la cúpula popular pueda asistir al cónclave del PPE en Valencia a finales de este mes o permitir que se estudie la regulación por ley del Debate sobre el Estado de la Nación, hace unas semanas no se habrían producido. Tanto desde el PSOE como en el PP niegan, sin embargo, que estemos ya, oficialmente, ante “un cambio de clima” entre los dos grandes partidos del país, aunque contactos impensables hace poco ahora se reproducen por el conflicto de los aranceles. Esas ententes del bipartidismo molestan a los socios de izquierdas. Algunos de esos aliados, como Sumar, Podemos, Compromís, en sintonía con ERC, EH Bildu o BNG, han querido mostrar al PSOE sus galones y exhibir sus exigencias en materia de vivienda, alquileres e inmigración para reclamar más valentía y menos parones en iniciativas de izquierdas que llevan meses paradas.
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