He escuchado con el corazón en un puño la intervención de Anna Navarro en una comisión del Parlament catalán, la semana pasada. No suelen emocionarme los discursos de diputadas secundarias en asambleas regionales, y tampoco tenía noticia de quién era Anna Navarro (al parecer, número dos de Junts en la Asamblea, fichaje de Puigdemont), pero la parlamentaria plantó en el debate una realidad cruda e injusta ante la cual la sociedad no puede permanecer más tiempo indiferente.
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