
Youness sale del consulado de Marruecos en Barcelona con un papel bajo el brazo que solo le ha costado tres euros, pero cuyo valor es incalculable: el documento oficial que acredita, con un “no consta”, que no ha cometido delitos ni ha sido condenado en su país durante los últimos cinco años. “Estoy contento. Ahora lo llevaré a traducir y con eso creo que ya lo tendré todo”, cuenta este hombre de 23 años, que permanece en situación irregular y que con toda probabilidad se convertirá en uno de los más de medio millón de beneficiarios de la regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno. Youness trabaja en una empresa de reparto a domicilio en condiciones precarias. Confía en que, con el permiso de residencia y trabajo, podrá dedicarse al fin a aquello para lo que se ha formado y que mejor se le da: “Mecánico de bicis y motos”.

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