Cuando Juan Cremades (Almería, 57 años) conducía del trabajo a su hogar, una casa diseminada en el municipio almeriense de Bédar, y atisbó por primera vez la columna de humo que se elevaba por el horizonte, calculó que el peligro estaba lejos de su propiedad. Al llegar, constató que las llamas provenían de la cresta de una montaña al oeste, y en cuestión de minutos vio cómo su residencia quedaba cercada por el incendio más mortífero de Andalucía. “Agarré mis documentos, un cepillo de dientes y un par de camisas. Llamé a mis animales para subirlos al coche y largarnos de allí, pero el fuego avanzó tan rápido que ya estaba en la linde de mi terreno y bloqueaba la única salida”, relata Cremades. “En ese momento entendí que no podría salir, y decidí que tenía que quedarme en la casa”.
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