
Tumbados sobre el lado derecho, con el rostro orientado hacia La Meca y con cuidado de que la tierra no toque sus cuerpos. Los primeros 18 fallecidos por la llegada masiva de migrantes a través del espigón fronterizo de Ceuta de los pasados 30 y 31 de julio, en la que murieron 82 personas, todos hombres salvo una mujer, han recibido sepultura final este viernes por la tarde en el cementerio musulmán de Sidi Embarek. El entierro, público, ha congregado a una docena de imanes de las mezquitas de la ciudad autónoma. Sus lápidas, identificadas con números porque no se conocen sus nombres ni sus historias, están conectadas con una causa judicial con los pocos datos que tiene de ellos: dónde les encontraron, características físicas, ropa y alguna peculiaridad que pueda relacionarles con los suyos. Solo nueve de los fallecidos han sido identificados y, de momento, Marruecos no acepta la entrega a sus familias, ha explicado la consejera de Sanidad, Nabila Benzina. “No se conocen los motivos. La funeraria lo ha intentado dos veces. Alguna familia ha venido y ha podido velar a su ser querido, pero no reunirse con él en su país”, ha contado antes de que se comenzara el enterramiento. Benzina asegura que lo seguirán intentando, aunque tampoco tienen mucho tiempo porque hay que cumplir las recomendaciones sanitarias.
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