El PP ha pinchado en hueso en su intento de fijar el calendario y el lugar oportuno para escuchar las primeras explicaciones del Gobierno en sede parlamentaria sobre la crisis de Ceuta y sus consecuencias. Desde el cruce masivo de inmigrantes, el pasado 30 de julio, hemos vivido un pulso permanente entre el Ejecutivo y la oposición, en ausencia de toda iniciativa de diálogo entre socialistas y populares. La presión política del PP es lógica, a la espera de encauzar la situación sanitaria de la ciudad, pero en paralelo habría sido conveniente algún intento de aproximación y colaboración ante la necesidad de gestionar las secuelas de la agresión sufrida por Ceuta y por la situación de los migrantes que permanecen en sus calles.
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