Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles, ambos jueces, se conocen por ese pasado común desde mucho antes de que ambos ocuparan una cartera ministerial en 2018, en aquel primer ejecutivo de Pedro Sánchez tras la moción de censura a Mariano Rajoy, al que se bautizó como el “Gobierno bonito”. Cada uno llegó, sin embargo, por caminos distintos. Marlaska fue entonces una de las sorpresas de un gabinete nombrado forzosamente con celeridad. Nadie esperaba que el presidente le llamara, no tanto por la que se suponía una cercanía al PP ―fue elegido en 2013 vocal del Consejo General de Poder Judicial a propuesta de los populares― como porque solo unos meses antes había rehusado encabezar una lista del PSOE al Ayuntamiento de Madrid con nulas posibilidades de éxito. Y, sin embargo, lo hizo para que ocupara el Ministerio del Interior y Marlaska aceptó sin dudarlo.

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