
La función principal de un Estado es garantizar la seguridad. Para ello debe controlar sus fronteras y mantener las condiciones que permiten que sus ciudadanos desarrollen su vida con normalidad. El Gobierno ha fracasado, y sigue fracasando, en esas funciones básicas en Ceuta. El Estado no ha servido para su razón de ser: ha desamparado a sus nacionales. Se suma, además, una crisis humanitaria, producto de la negligencia ante la avalancha migratoria y la tardanza en la gestión de sus consecuencias.
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