Como esos supertacañones que defendían que una cosa era la libertad y otra, el libertinaje, el Supremo —con la salvedad bravísima y triste de la magistrada Alicia Millán, única discrepante— ha dicho que una cosa es votar y otra muy distinta, el voteo al buen tuntún. ¿Qué es eso de que cualquier ciudadano español pueda meter una papeleta en una urna? El derecho al sufragio, señores míos, es algo muy serio. No sabemos qué piensan todos esos nietos de aquella ralea de exiliados. Vaya usted a saber a qué propaganda están sometidos. No a la nuestra, desde luego. Esa gente no sigue las tertulias de la radio. A lo peor, tienen una visión de España filtrada por las batallitas de sus abuelos, enemigos sin matices del franquismo, al que no le verían nada bueno. Viven aturdidos por Bad Bunny y Shakira, no les suena ni un estribillo de Manolo Escobar.
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