La fulminante noticia de la muerte de Maricarmen Abascal se acogió primero como broma de mal gusto por parte de muchos en Sol, y cuando empezó a coger vuelo y se iluminaron los móviles dentro y fuera de las tiendas de campaña, llegó la consternación seguida de la furia. Mientras tanto, tal y como los pájaros anticipan las catástrofes climáticas, ya estaba la policía tomando posiciones alertada de lo que podía significar esta muerte. Las sirenas nunca traen buenas noticias.


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