Lo que toca, lo que no toca

Uno de los hitos más llamativos del cinismo en el que se ha instalado la política en España ha tenido lugar durante la campaña electoral en Cataluña. Después de meses de agitar el agravio de la amnistía a los independentistas, su supuesta anticonstitucionalidad y el mito de la quiebra de la igualdad entre españoles, resulta que llega la campaña por la presidencia de la Generalitat y el asunto ni tan siquiera asoma en los mítines. Ha sido un conflicto apenas tratado, entre otras cosas porque una mayoría abrumadora de los catalanes están convencidos de que la amnistía a los perseguidos por aquellas actividades del procés es una apuesta por la convivencia y la normalidad. Seamos de una opinión o de la contraria, la ausencia del debate durante la campaña en Cataluña da idea del grado de artificialidad con que se alimenta el trámite de la amnistía en el resto de España. No existe mayor grado de manipulación que el de agitar el veneno cuando interesa y luego dejarlo reposar porque no toca. Curiosamente, durante la campaña catalana, el fuego que convenía avivar era otro: el del odio hacia el emigrante, que ha resultado ser rentable en votos. Al parecer, cuando sales de casa te ocupan la vivienda y no es raro que al volver a visitar tus propiedades te las encuentres ocupadas por hordas de muchachos africanos. Esta mentira era más eficaz en la campaña pasada que otras mentiras a las que estábamos más habituados. Y de mentira en mentira vamos avanzando como país.

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