
El fango de la riada lo ha teñido todo. Da la sensación de que todos los vecinos de Catarroja tenían muebles del mismo color, del mismo estilo, muebles antiguos, marrones, como sacados de los primeros episodios de Cuéntame; sillas, percheros, retratos de color sepia que un día estuvieron colgados encima del aparador y que ahora descansan en medio de la calle, formando una barricada entre el pasado que se llevó el torrente y un futuro sin memoria. Y es eso, justo eso, lo que provoca que a Chelo, la vecina del número 10 de la calle Crescencio Chapa, se le resquebraje la voz:


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