“Y Bruto es hombre de honor” (Julio César, Acto III, Escena II). En el caso de la oración fúnebre de Marco Antonio ante los despojos de César, la insidiosa reiteración de la alabanza provoca la agitación creciente del pueblo. Con sólo sustituir ahora la figura de Marco Junio Bruto por la más etérea del legislador, tendremos enunciado el drama de un juez constitucional acaso fatalmente enredado con el honor de este otro personaje, el de un legislador que hace suyo el poder de amnistiar. También un hombre de honor.
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