Juan Carlos I aprovecha sus memorias para ofrecer por vez primera su versión sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y el papel que jugó aquella noche, que ha sido objeto de múltiples especulaciones y controversias. “No tengo nada que ocultar”, proclama. Lo primero que hace es negar que perdiera la confianza en Adolfo Suárez y que este hecho precipitase su dimisión como presidente del Gobierno en enero de aquel mismo año. “Se ha pretendido que yo había tomado distancias con él. Nada más falso. Él conservaba mi confianza, mi reconocimiento y mi sincera amistad. Pero mi papel estaba entonces limitado por la Constitución, una distancia institucional de mi parte era entonces de rigor”, alega para explicar la frialdad entre ambos. El Rey revela que Suárez le anticipó su decisión de dimitir en uno de sus despachos habituales. “No es necesario ni obligatorio que dimitas”, asegura que le dijo. A lo que este le respondió: “He tomado mi decisión y no me volveré atrás”.
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