Pedro N. M. cargó una bala en la recámara de su pistola, se subió a un todoterreno BMW y, desde la vivienda prefabricada en la que habitaba en Chipiona, enfiló un camino de tierra que lleva al mismo Guadalquivir. Allí, a la orilla del río, y ayudado por un compinche al que había recogido previamente, cargó 20 fardos de hachís —unos 600 kilos— envueltos en arpillera, mojados y que apestaban a gasoil. Después, el vehículo volvió sobre su rodada para salir del Camino de las Marismas, justo cuando el alba del 28 de julio despuntaba sobre los campos de Sanlúcar de Barrameda. Tan decidido estaba el traficante a sacar el alijo que, cuando los tres policías que le seguían desde la noche anterior le dieron el alto, él pisó a fondo el acelerador hasta estrellar su coche contra el de los agentes.
Sé el primero en comentar en «El narco calienta de nuevo la violencia en el Guadalquivir»