Memoria histórica

El juez Juan Carlos Peinado camina cerca de los Juzgados de Plaza Castilla en Madrid, en junio de 2024.

Preocupado por las ilusiones de un futuro más justo, siempre fui partidario de la memoria histórica. Ya de adolescente, sentí la necesidad de conocer lo que había ocurrido en 1936, la ejecución de García Lorca, el exilio de Antonio Machado, María Teresa León y Rafael Alberti. Después llegaron la lucha antifranquista de Blas de Otero y el derecho a la libertad sexual de Gloria Fuertes o Gil de Biedma. Pero la utilidad de la memoria ha cambiado para mí en los últimos tiempos y mi vocación de ciudadano libre necesita recordar todos los días, junto a las heridas del franquismo, el horror de las dictaduras que convirtieron la lucha por causas justas en una represión sistemática. Desde mi juventud maldigo a Stalin y a todos sus discípulos. Llenaron la existencia de barbarie igual que Hitler y Mussolini. Eso tampoco puedo olvidarlo, y es algo que protagoniza ahora mi memoria histórica.

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