
Ceuta vive una situación excepcional. Miles de personas entraron irregularmente y varios miles permanecen todavía en la ciudad, entre ellas numerosos menores. Durante estas semanas se ha extendido el término “invasores”. Una invasión convierte inmediatamente a quien llega en enemigo y frente al enemigo desaparecen las obligaciones de solidaridad, solo caben mecanismos de defensa. Esa transformación semántica debería preocuparnos, porque una democracia empieza a deteriorarse cuando deja de ver personas y comienza a ver categorías amenazantes.
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