Todo se desarrolló según lo previsto: el 15 de julio fue un día caluroso en Rabat. Una delegación extranjera avanzaba por la capital en dirección a un edificio de la Administración de la Defensa Nacional, donde les esperaba el ministro del ramo, vestido de uniforme, y también el de Exteriores del reino. La sala donde se reunieron estaba presidida por dos banderas marroquíes, una fotografía oficial de Mohamed VI y otra de su padre Hassan II. Las delegaciones se sentaron en una enorme mesa ovalada. Sí, de acuerdo, la escena parece setentera y anacrónica desde un punto de vista estético, como puede verse en el video que colgó la agencia Reuters, pero allí había una apuesta de futuro.
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