Stephen King cuenta en su libro Mientras escribo (Debolsillo) que todo novelista debería tener un L. I., esto es, un Lector Ideal, alguien de absoluta confianza a quien entregarle el manuscrito con la seguridad de que su opinión será sincera, sin tapujos ni medias tintas. En su caso, su Lectora Ideal es su esposa, Tabby, y recuerda King que le entregó el original de Corazones en la Atlántida mientras él conducía por Carolina del Norte: “El relato tiene algunas partes divertidas (o que me lo parecían), y yo la miraba constantemente para ver si sonreía. Creí que no se daba cuenta, pero sí. Al octavo o noveno reojo (aunque no desmiento que ya llevara quince), Tabby levantó la cabeza y me dijo”:
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