La investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat dependerá de la decisión que adopte la militancia de Esquerra Republicana. En esta ocasión las bases del partido no han sido consultadas sobre si avalaban las negociaciones que los dirigentes mantienen con el equipo del PSC. Pero, en el caso de que se llegue a un acuerdo (algo que sabremos en pocos días), sí existe el compromiso de preguntarles si lo aceptan o no. Al margen del pacto al que pueda llegarse, cuyo núcleo será la mejora de la financiación autonómica, las especulaciones sobre cómo se posicionarán 8.700 militantes —lean a Camilo S. Baquero— van en aumento. En estos análisis influye la actual crisis interna, pero no será lo determinante. Durante los últimos años el partido republicano ha vivido un proceso de institucionalización considerable: presencia en ayuntamientos y diputaciones que lo alejan de su pulsión asamblearia. A la vez son esos cuadros, más la militancia y sus entornos, quienes preservan una conexión umbilical con el clímax del procés: cuando el Gobierno de Puigdemont y Junqueras se desentendió de la logística del 1 de octubre para evitar problemas, la secretaria general Marta Rovira fue quien asumió la organización y la estructura territorial del partido fue clave para que las urnas llegasen a los colegios electorales.
Sé el primero en comentar en «Salvador Illa y el poder»