
Mientras unos aplauden con vehemencia la imputación del expresidente Rodríguez Zapatero, otros tuercen el gesto y reaccionan con desconfianza a algo que les parece intuitivamente extraño. No en vano han oído hablar del Sr. X, sin consecuencias, o de M. Rajoy, también sin consecuencias, y están escamados. O incluso han conocido rumores de las muchas actividades de algún otro expresidente y su entorno y no acaban de ver que Rodríguez Zapatero, precisamente él, fuera el principal candidato a estar implicado en una trama de tráfico de influencias y blanqueo de capitales, de cuya investigación judicial, por cierto, sabemos poquísimo. Pero ese poco ha bastado para que su imputación haya sido, lógicamente, una bomba informativa.
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