
Auguste Piccard, científico suizo, diseñó el batiscafo Trieste, con el que en 1960 descendió por primera vez al foso de las Marianas. Para alcanzar la enorme profundidad del fondo del foso y poder extraer información, el ingenio debió resistir una presión enorme e incorporar unos focos potentísimos con los que iluminar la oscuridad de esas profundidades marinas. El auto dictado ayer por el titular de la plaza nº 2 de la sección de instrucción del Tribunal Central de Instancia es un artefacto similar: ilumina en sus 85 páginas con potentes focos una realidad completamente sustraída a la luz pública.
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