El Gobierno incumple la Constitución al no presentar Presupuestos. Su motivo es la fragilidad de sus apoyos parlamentarios y, sobre todo, el peligro de evidenciarla otra vez: no hay una mayoría que lo sostenga. Como recordaba Ana Carmona, ante situaciones similares en 1995 y en 2019 Felipe González y Pedro Sánchez convocaron elecciones generales. El procedimiento escogido ahora es incumplir una obligación constitucional, despreciar al Parlamento y excluir a los ciudadanos del debate sobre las cuentas públicas (además, el mecanismo facilita que los gobiernos autonómicos justifiquen sus inaceptables escaqueos). La imposibilidad de gobernar se disimula a través de la tumefacción del Ejecutivo y de la hiperactividad comunicativa: es decir, con gestos autoritarios y poniéndonos a discutir. No es que sea difícil distinguir entre ruido y señal; el ruido es la señal.
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