Nueve disparos a quemarropa. Nueve tiros descerrajados por un solo atacante con una sola arma. Uno de ellos de gracia, con la víctima ya en el suelo. Rematado en la nuca. El agresor quiso asegurarse de que moría. Un asesinato a plena luz del día, en vía pública, en cuestión de segundos: “Cinco segundos para los ocho primeros balazos y uno más para ultimarlo tendido sobre la acera”, estiman los expertos de la Policía Nacional. Nueve casquillos por el suelo que revelan la munición utilizada por el sicario que el pasado miércoles acribilló al abogado ucranio Andrii Portnov a la puerta del colegio de sus hijas en Pozuelo de Alarcón, Madrid. “Nueve milímetros Parabellum”, concluyen fuentes policiales.
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