Cuando alguien era torpe o cateto, mi tío Hilario solía decir entre risas “ese no se va a caer por las escaleras de La Moncloa”. La expresión, de la que todos nos reíamos, asume de algún modo el ideal platónico de los reyes filósofos; es decir, que nuestros gobernantes serían los mejores de entre nosotros, personas que combinarían de manera sublime sabiduría, conocimiento y virtud.
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