Acabó la cumbre de la ONU en Sevilla y volvió la cruda realidad del Gobierno y del PSOE. Después de cinco días con discursos y reuniones centrados en la cooperación al desarrollo, el multilateralismo, y la batalla contra la ultraderecha mundial liderada por Donald Trump, asuntos en los que se siente muy cómodo, Pedro Sánchez volvió en la tarde del jueves a Madrid para rematar las decisiones más importantes sobre los cambios en el PSOE, no solo de personas, sino también de formas de actuar, del código ético y las estructuras, que tiene previstos para intentar salir del agujero de credibilidad en el que le ha sumido el escándalo del caso Cerdán.
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