Está prohibido jugar más allá de la sombra que proyecta el portal. De ahí para allá, es ahora tierra prohibida para la familia de Abdelhakem. La calle ahora no se pisa. Estar fuera no es seguro: de una semana para la otra, la gente como él, su esposa, y sobre todo sus cuatro hijos están en el punto de mira. El menor, Iyad, de ocho años, no se aleja un milímetro de su hermana Ikhlass, de 16. Desde dentro les observan sus padres y su hermana mayor, Sara, de 24. Por esa misma acera, ultras llegados de fuera llevan tres noches persiguiendo a los vecinos.
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