Es un gesto tonto. Una minucia si lo comparamos con que el PSOE haya tenido a dos presuntos mangantes seguidos como secretarios de organización. Una anécdota si pensamos en que se está investigando si le hemos pagado las meretrices a escote en forma de salario público a uno de ellos, todo mientras su partido se decía abolicionista. Es una tontería si reparamos en que el Gobierno ha adjudicado 46 contratos por valor de más de 1.000 millones a la industria militar israelí en los casi dos años de genocidio. Una anécdota si pensamos en las consecuencias nefastas de la ley del sí es sí. Pero es un gesto tonto cargado de significado.
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