Felicidades al parafascismo. Vox ha demostrado en Valencia que el PP no es indispensable para mandar; para ello bastan sus propias ideas ultras: importa menos quién las aplique. Enhorabuena al conservadurismo español por la inversa, pues ha evidenciado que, para gobernar, el partido ultra es un lastre de momento prescindible, si absorbe su ideología totalitaria.
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