La escena se vivió este miércoles en Banjul, la capital de Gambia, donde el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, estaba de visita oficial. La comitiva del ministro se apretuja para atravesar el patio de la comisaría donde policías españoles y gambianos trabajan para desmantelar redes de tráfico de inmigrantes. Las escaleras de este humilde edificio llevan a una primera planta que parece un desván de muebles viejos y, unos peldaños más arriba, a un segundo piso de aire pegajoso donde los mandos policiales de ambos países tienen sus despachos. En uno de ellos se oye música de Bach a todo volumen. En lo que va de año, 16 cayucos han intentado llegar a Canarias desde Gambia y todos, a excepción de uno, fueron interceptados, en tierra o en alta mar, donde también patrulla la Guardia Civil. Los responsables de la comisaría le cuentan al ministro que los intentos de salida van en aumento, pero también la capacidad de frenarlos. Albares felicita a los agentes por los resultados, aun trabajando con una infraestructura muy limitada. Pero, en este viaje, las autoridades locales han dado otras claves para frenar el éxodo de sus jóvenes: invertir en educación y empleo.
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