Hubo una época en que salir a correr a las seis de la mañana tampoco garantizaba ejercitarse. Los operativos policiales arrancaban antes de que saliese el sol, las radios escupían alertas en horas intempestivas, y siempre había alguien de mal dormir en los grupos de WhatsApp multitudinarios (algunos han sobrevivido hasta día de hoy) con el cuajo suficiente para preguntar: “¿Habéis visto esto?“. Durante el procés no hubo manera de practicar deporte. La vida se limitaba a correr detrás de la Guardia Civil, y de los escritos judiciales que iban enmarronando de manera considerable la vida a un montón de políticos y de ciudadanos anónimos (¡los CDR!) que anhelaban la independencia de Cataluña.
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