“Yamina sigue en una nevera. Es injusto, lleva ya una semana muerta y queremos enterrarla”. Así de contundente se muestra Aya, sobrina de Yamina Lamssiah, la mujer marroquí de 45 años que viajaba en el vagón número 8 del tren Iryo, descarrilado y arrollado por el Alvia. El suyo es un hogar atravesado por el dolor de la tragedia y atascado en una burocracia que no les deja poner punto y final al desgarro, como han hecho ya muchas otras familias. De las 45 personas fallecidas en el accidente de Adamuz, tres son extranjeros: Yamina Lamssiah, un ciudadano ruso y uno alemán. Esta es la historia de la única familia que quedaba este viernes en el hotel Crisol Jardines de Córdoba a la espera de poder llevarse a su ser querido y que todavía no ha podido viajar para enterrarlo en Marruecos.
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