La ruptura más triste de este otoño no es la de Tamara Falcó e Íñigo Onieva, una relación platónica e ideal, sino la de Yolanda Díaz y Antonio Garamendi, una amistad aristotélica y pragmática. Fue el idilio político más inesperado: la sindicalista que venía del PCE y el patrón de los patrones; y en el momento más sorprendente: la covid. Mantuvieron el entendimiento en la enfermedad y también en la salud, durante la recuperación pospandemia. Y de él nacieron 14 acuerdos sociales, en asuntos tan espinosos como la reforma laboral. El impulso personal de ambos fue decisivo.
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