Carles Puigdemont cuenta que su afición por el deporte no va más allá de ser un espectador que sigue con interés los partidos de fútbol del Girona. En la fase de liguilla de la Champions League de esta temporada, el equipo catalán jugó en Eindhoven, cayó goleado 4-0, y un grupo de aficionados que había viajado por carretera a los Países Bajos decidió que, a la vuelta, sería buena idea visitar al expresident en Waterloo (Bélgica). Lo desveló uno de esos seguidores en el podcast Montiliving, donde contó que formaban una comitiva de nueve personas y que ya era casi medianoche cuando tocaron la puerta de la casa de Puigdemont, la única del municipio que luce una “estelada” en la fachada.
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