Sin palabras

Hace 12 años, me valí de una columna con este mismo título para mostrar mi perplejidad e indignación por los escándalos de corrupción que poco a poco iban propagándose por nuestro espacio público. Les recuerdo que entonces, enero de 2013, fue el momento álgido de los casos Urdangarín y Bárcenas. Ahora nos enfrentamos al de Cerdán/Koldo/Ábalos. Después de releerla, he estado tentado de dejarla tal cual, copiarla sin más como si se tratara de algo ocurrido en el presente. Triste, muy triste, sí. Hay, sin embargo, dos hechos que hacen que la situación sea distinta: primero, ese elemento sórdido en el que irse de putas parece formar parte intrínseca de la quiebra del orden mental que acompaña a la venalidad; como si trasgredir determinadas normas contuviera un elemento orgiástico que hiciera de catalizador de otros instintos reprimidos. En este sentido, la situación actual se aproxima más al caso Roldán, con esas inefables fotos en Interviú con el protagonista en calzoncillos.

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